DOROTHEA LANGE Y LAS VISITADORAS… relato de un desencuentro

Hace unos años estuve en Madrid visitando photoespaña y tuve la oportunidad de enfrentarme cara a cara a la fotografía “madre migrante” de Dorothea Lange. En un julio abrasador, en medio de la enormidad del centro de la capital, escondiéndome de su ruido y su velocidad en aquella galería, fui uno de los tantos que no pudo pasar de largo ante aquel retrato, que por otra parte tantas veces había visto ya.

La perdida mirada de la mujer (Florence Owens Thompson) que, sencilla y dolorosamente, se deja fotografiar mientras espera no se sabe a qué, entraba en mí con la misma intensidad con la que sus hijos se escondían entre sus contornos. Me volví a emocionar, como cada vez que vuelvo a acercarme a esta imagen, pero esta vez quizá más próximo si cabe, a ese encuentro que nunca llego a darse.

También en esa galería, delante de la imagen de la ya difunta Florence (murió el 16 de septiembre de 1983  dos semanas después de haber cumplido los 80 años) , y de sus tres hijos, volví a evidenciar el mismo sentimiento de lejanía , de imposibilidad de acercamiento,…  y sin embargo, de absoluta compasión.

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Aquella fotografía fue uno de los emblemas, quizá el más conocido, de los que se sirvió la administración de F.D.Roosvelt para legitimar el New Deal ante sus conciudadanos. Ha sido una de las imágenes de la historia de la fotografía que más veces se ha impreso; y es sin duda, un icono del documento social, que en aquellos momentos comenzaba a acercarse de una manera clara e interesada a la realidad de la pobreza estadounidense.

A pesar de lo que parece reflejar, aquel fue, desde su gestación, el retrato de un desencuentro. Como bien se contrasta en varias crónicas que recogen las circunstancias de aquel instante, y como a su vez refleja la propia Dorothea. Florence Owens Thompson siguió siendo una completa desconocida para ella incluso una vez que la imagen (tomada en 1936) se hiciera mundialmente

famosa.  La identidad de la persona fotografiada no se desvelo hasta bien entrada la década de los 70, y cuando lo hizo, la versión de Dorothea sobre lo que ocurrió aquella tarde, se convirtió simplemente en la historia parcial de un instante, que distaba mucho de lo que la propia Florence o sus hijos experimentaron.

Dorothea describía el encuentro en estos términos: “No le pregunté su nombre o su historia. Ella me dijo que tenía 32 años de edad. También me contó que habían estado viviendo de verduras congeladas de los campos circundantes, y de las aves que los niños mataron…”; ” Siete niños hambrientos. El padre es californiano nativo. Desposeído en el campamento de desmotadoras del guisante… por el fracaso del cultivo tempranero del guisante. Estas personas acababan de vender sus llantas para comprar comida”. Sin embargo, cuando le preguntaron a Florence, muchos años después, ella respondió con desdén hacia la imagen y declaró que se sintió “explotada” por el retrato de Lange. Florence deseó que “Ojalá nunca me hubiese hecho esa foto. No obtuve provecho alguno de ella. Ella ni siquiera me preguntó mi nombre. Me dijo que nunca vendería aquellas fotos y que me enviaría una copia, pero nunca lo hizo”. Junto con este, varios relatos más, entraron en contradicción con algunos de los detalles

de la versión ofrecida por la autora. En todo caso no profundizaremos más allá en esta polémica, una vez dejado claro que del encuentro entre estas dos mujeres, cada una salió con una versión diferente, y en todo caso únicamente una de las dos encontró beneficio de aquel instante que compartieron.

Estas revelaciones no han dejado en buen lugar a la fotógrafa, quien por otra parte no ha pasado a la historia precisamente como una mujer insensible al sufrimiento y desconsiderada con respecto a sus semejantes. Muy al contrario, Dorothea Lange, fue una de las pioneras del reportaje social y una de las primeras en salir a las calles para mostrarles a sus gentes, a los ciudadanos de su país y del mundo, qué es lo que estaba pasando. Sinceramente creo, que su capacidad para guiar nuestra mirada hacia aquellas personas esperando en la cola del paro, o matando el tiempo en los rincones de cualquier páramo, salían, como bien referían muchos de sus conocidos, directamente de su corazón. Pero a pesar de aquella gran sensibilidad, no fue capaz de establecer un nexo de unión más allá de aquel negativo, con la mujer con la que a partir de aquel momento siempre será vinculada su trayectoria.

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Pero ¿qué tiene todo esto que ver con la centralidad relacional en el marco de la intervención social? ¿Cómo puede servirnos este relato a la hora de tratar de profundizar en un tema tan complejo como este?

Trataremos de ir contestando estos interrogantes, pero sin dejar de lado la propia imagen de Florence, como un recurso que nos acerca a una realidad, desde un registro más próximo a los códigos de la intuición, un lugar más allá de las palabras. Vayamos por partes.

Hoy día, como en momentos anteriores de la historia de la intervención social, estamos viviendo un tiempo en el que la técnica (enfoques metodológicos, trabajo especializado por colectivos de riesgo, etc.…), la gestión (de servicios, de sistemas, de personal) y la profesionalización (fortalecimiento de los colegios profesionales, parcelación de funciones) son los pilares básicos que guían el desarrollo de nuestro sector.

Nos encontramos en un tiempo en el que se han diluido los posicionamientos “ideológicos”[1]. Los acercamientos que trascienden el mero ejercicio técnico de profesionalidad, enfoques más centrados en planteamientos comunitarios o dialógicos (encaminados hacia el encuentro con “eso” que denominamos exclusión de cara a un crecimiento conjunto) pierden fuerza frente a esta tendencia técnico – gestionista.

A pesar de la crisis en la que andamos inmersos, y que está obligando a no pocas organizaciones a cerrar la persiana, este paradigma no deja de perder fuerza. Hoy nos encontramos, por un lado, con una ciudadanía que despierta en forma de mareas para defender la voz de los y las más sufrientes y la defensa que aquello que nos ha costado tanto conseguir. Por otro lado nos encontramos con servicios que deben atender una demanda creciente con pocos recursos , eso sí, sin dejar atrás el paradigma de la eficacia y las necesidades de gestión. Finalmente nos estamos encontrando también con el resurgir ( en algunos casos rastreramente brutal) de enfoques asistencialistas que verticalizan la ayuda a aquellos y aquellas más necesitados y vulnerables.

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En el mismo momento en el que Dorothea tomaba aquella fotografía, en su propio país se estaba viviendo una dura pelea entre dos concepciones sobre la forma de “ayudar” a las personas más “desfavorecidas”. Mientras que las COS (Charity Organization Society) de Estados Unidos promovía a las “Visitadoras Amigables”, el movimiento de los Settlements promovía la “Vecindad”, como un concepto de contacto más cercano, vinculante y de alguna manera esparadigmáticamente diferente. Cuando miraba esta sugerente “Maternitá moderna“no podía dejar de recordar esta doble propuesta de acercamiento.

La imagen de Florence, fue ciertamente un icono que nos conmovió y conmueve de una forma casi hipnótica. El fin propagandístico que se pretendía con la contratación de aquel equipo de fotógrafos por parte de la Farm Security Administration (FSA), se cubrió con creces. Sin embargo no deja, de alguna manera, de transmitir esa sensación de “visita”, de acercamiento a una realidad ajena y doliente, sin pagar las costas rituales que suponen las aproximaciones vinculantes de la vecindad.

Al ser preguntado por la presencia fugaz de aquella fotógrafa desconocida, uno de los hijos de Florence refirió sobre lo sucedido aquella tarde: “Cuando logramos llegar, Mama nos comentó que había estado una señora y les había hecho algunas fotografías, pero eso es todo lo que nos dijo. No fue nada relevante para ella en aquel momento

Queremos recurrir a aquel desencuentro, como la representación algo a lo que cada vez más, nos vamos acostumbrando. Nuestras profesiones nacen, al menos en algunas de sus corrientes más significativas, con la impronta de la cercanía y del contacto humanizante para con aquellos que están sufriendo las consecuencias de un mal reparto de bienes y sobre todo de oportunidades.

En nuestro país, en los primeros momentos de la democracia, los desarrollos de intervención social profesionalizados tuvieron como bandera el redescubrimiento y promoción de los lazos relacionales con y entre las personas “excluidas”.  Sin embargo, ya desde los orígenes de la profesionalización de este sector y de una manera cada vez más explícita en nuestros desarrollos actuales, esta cercanía no deja de ser una suerte de oportunidad que trata de economizar el contacto en base a los fines que pretende, sin darle más contenido que la pura eficacia.

De la misma manera que en la fotografía, en el momento de encontrarnos con las personas para las que “somos un recurso”, podemos optar por ser presencias livianas y efectistas, por acercarnos con el cometido del encargo por bandera y, por ello, respondiendo a la propia identidad del servicio, por encima de otras necesidades o propuestas, y fundamentalmente por encima de la relación que en ese instante concreto se está estableciendo.

Hoy nos toca defender servicios, proyectos y organizaciones que están cayendo a la luz de las tijeras. Esta es una defensa en la que debemos estar firmes y contundentes. Los sistemas de bienestar (educación, sanidad servicios sociales…) están retrocediendo ubicando en situaciones muy similares a aquellas de la famosa crisis del 29.
Sin embargo no tenemos que olvidar que, durante los años de construcción de estos sistemas, el péndulo se nos ha ido hacia la gestión y hacia la conciencia de que construyendo recursos y ofreciendo servicios seremos capaces de atender las necesidades de las personas y colectivos. Imágenes como ésta nos recuerdan que, más allá de las efectividad están los rostros nombres y sobre todo historias de todas y cada una de las personas a las que pretendemos “sacar” del infierno de sus “necesidades no satisfechas”, en muchas ocasiones sin contar con su voz y, lo que es más doloroso aún, sin respetarlas como lo que son, historias de vida con sentido y con la misma fuerza de latido que nosotras mismas.

[1] Lo cual es un puro posicionamiento  ideológico ,o expresado en palabras del profesor  Valverde Molina: ”la investigación en las ciencias sociales [como también la intervención social derivada de estos estudios] está ineludiblemente matizada y orientada por otros aspectos no científicos de los fenómenos que pretendemos estudiar, y ello porque el científico, como el legislador o como el juez, es el resultado de su propio proceso de socialización, de sus actitudes y valores y, en suma, de su ideología.” Valverde Molina, Jesús (1997), “ La Cárcel y sus consecuencias” Madrid, Ed. Popular.

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12 pensamientos en “DOROTHEA LANGE Y LAS VISITADORAS… relato de un desencuentro

    • María.. que bueno!. será largo.. como este.. lo prometo.. jajajja.. la verdad es que tenía ganas de ir sacando este escrito.. lo tenía aparcado.. y quizá así.. troceadito (en diferentes Post) puede tener más sentido.. de a pocos.. lo hablamos!!

  1. Conocía la fotografía, no la historia de la fotógrafa, me ha conmocionado conocer esta historia, como la de aquel fotógrafo que capto como se acercaba el buitre a aquel niño que se estaba muriendo de hambre. Pero hoy no pensé solo en la relación directa de las dos mujeres y quería compartirlo. No se produjo ningún encuentro entre ellas, Florence necesitaba ayuda y no la obtuvo. No estoy segura de que Dorothea no se encontrara con algo, me parece improbable porque lo que si consiguió, es que el resto del mundo tomara conciencia de la realidad de Florence y no se si esto se puede conseguir solo pensando en la pasta o el éxito, igual si.
    El desarrollo de este movimiento que genera en la sociedad la necesidad de intervenir desde lo social, con políticas, profesionales, teorías… ha ido creciendo hasta calar hondamente en la cultura, creo. Creo que ¿se podría decir que Dorothea hizo una intervención social a gran escala, a nivel de toda la sociedad?, teníamos que despertar y crecer para pasar de ver la realidad de Florence como un problema privado a verla como un problema social. Tal vez incluso sea así, un despertar social, para la propia Dorothea, no consciente en ese momento de lo que estaba haciendo para todos nosotros y todas las Florences a las que hemos podido acercarnos después. Tal vez podamos darlo por válido, incluso en el supuesto de que ella solo buscara el éxito profesional cuando hizo la foto, (sus palabras al expresarse sobre Florence no parecen muy empáticas y no se, fíjate que le creo a Florence).
    A día de hoy, estoy contigo, el peso de la intervención está en la persona, la familia y la historia ante nosotros. La responsabilidad de Dorothea en la atención de las necesidades de Florence, desde mi punto de vista, no es la misma que la que tenemos hoy los profesionales de los Servicios Sociales, con otra conciencia y otra formación.
    Felicitaciones, por unos relatos tan humanos y profundos, por compartir y permitirnos reflexionar contigo.

    • muchísimas gracias por el aporte. me parece muy interesante el debate que planteas.lo cierto es que cuando me he acercado al trabajo de Dorothea Lange.. me ha cautivado su sensibilidad su forma de mirar y … creo que esa sensibilidad no puede surgir sino de una empatía cierta y de una aproximación cercana. también estoy contigo en que la fotografía tuvo un impacto realmente importante y que nos ayudó a despertar y quizás a ella también. el matiz que creo que tiene la historia,el sentido que para mí tiene el texto, está relacionado con la necesidad de una gestión horizontal de los vínculos con la necesidad del encuentro para construir respuestas más humanasen el ámbito de la intervención social. si bien es importante el despertar social cuando construimos respuestas de intervención no vale cualquier tipo de aproximación. el modelo en el que yo me he criado de intervención y en el que creo tiene que ver con el ser capaces de generar vínculos significativos, vínculos horizontales( respetando los roles) vínculos que nos transformen mutuamente. el punto de vista que trata de defender tiene que ver con la necesidad de volver a un tipo de intervención en el que el encuentro sea el centroen el que creemos que la transformación social se puede generar desde la vinculacióny desde la participación de aquellas personas que hoy llamamos en riesgo social vulnerables de muchas otras maneras

  2. sinceramente muchísimas gracias.. creo que se trata en el fondo de ser capaces de entrar a los difíciles matices de una perspectiva relacional de intervención. A veces las intenciones o los objetivos más allá del encuentro pueden pervertir los vínculos que construyamos. el acercamiento a este tipo de contextos, el acercamiento a personas que están viviendo situaciones complejas no es un acercamiento fácil en el que únicamente vale tener buena intención… es más bien un camino que necesita de un desaprendizaje para acercarse al mundo que no se conoce por mucho que se capte y se retrate, por mucho que se transmita de manera efectiva para qué otros intervengan, para que otros y otras tomen conciencia. Un placer de debate. Me alegro mucho el texto que haya sugerido. Un abrazo!!

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