Fordismo, Re-ingeniería e intervención social (mirando desde mis pasos 3ª parte)

En los dos textos anteriores he ido dibujando (a través de dos imágenes: la fotografia Madre Migrante y  El proyecto de transformación del pozo del tío Raimundo en el Madrid del tardofranquismo) un pequeño retrato de la pérdida más importante que, a mi entender, estamos sufriendo en el ámbito de intervención social durante las últimas décadas: la pérdida del corazón relacional de las intervenciones.

Mientras crecen los esfuerzos por institucionalizar y hacer gestiónable la práctica educativa/terapéutica/de acompañamiento… en el ámbito (sobre todo) de la exclusión social, parece que el alma que nos llevó a iniciar estos caminos –EL ENCUENTRO CON EL/LA OTRO– aparece cada vez más desdibujado.

En este texto quiero subrayar el primero de tres aspectos (que describiré en los siguientes ) que creo resultan centrales a la hora de visibilizar el alejamiento de este nodo relacional y a la hora de comprender de donde ha surgido esta “deriva”. Mi deseo es mostrar estos apuntes no solo en cuanto desvíos, sino como elementos que nos pueden ayudar a retomar los retos de un nuevo tiempo en el que poder recuperar el vínculo perdido.

El primer espacio que quiero destacar tiene que ver con la FRAGMENTACIÓN entendida como una trama cada vez mas diferenciada de servicios de atención, que han ido surgiendo como respuesta a las demandas cada vez más específicas de la sociedad.

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En los orígenes de la intervención social las “instituciones totales” eran, junto con el auto-apoyo de las comunidades, el único terreno posible para su desarrollo.  Sin embargo, si hablamos de la intervención social como la hemos conocido (la que nació a mediados-finales del siglo pasado en nuestros contextos) el reto del encuentro transformador con personas y colectivos en contextos de exclusión fue el motor original de la gran mayoría de los proyectos y propuestas que surgieron. En estos inicios más que de recursos podemos hablar de personas que se acercaron a personas y que, desde su gratuidad, su convicción y su cercanía trataron de ofrecer apoyo, acompañamiento, visibilidad y transformación de estas realidades.

Es evidente que estos indicios no son únicamente “un paraíso perdido”. La caridad entendida como la obligación de hacer el bien utilizando como objeto al otro/la otra; ó  el surgimiento de liderazgos carismáticos que opacaron el desarrollo de la participación y el empoderamiento de las comunidades; son también rasgos que acompañaron algunos inicios.

Sin embargo es bien cierto que, a falta de recursos, las respuestas tramadas tuvieron mucho más que ver con un encuentro significativo y transformador.

En las décadas de los 70, 80, 90 y el inicio del nuevo siglo las respuestas concretas a necesidades sociales se han ido convirtiendo en sistemas de atención que, junto con el sistema educativo, los sistemas de rentas (Jubilación,Paro, protección social…), y el sistema sanitario, han constituido el Estado de Bienestar (actualmente en proceso de de-construcción.)

En este camino el haber articulado una respuesta lógica y especializada para las diferentes necesidades y demandas a través de proyectos, iniciativas y servicios de atención específicos, se ha ido priorizando por encima de la necesidad de dar una respuesta integral a estas situaciones.

 El poco contenido real de los esfuerzos por buscar esta globalidad en las intervenciones, ha convertido este entramado de respuestas, en muchas ocasiones, en un montón de puertas que se intercambian en el recorrido vital de muchas de las personas para las que trabajamos.

20120226_1371En varios proyectos en los que he trabajado, me he encontrado con las mismas personas, vistas de maneras muy distintas desde cada uno de los lugares a los que llegaban. Esta experiencia me ha ayudado a entender las dificultades de integrar elementos importantes para la intervención que, de no haber conocido a la persona desde otro ámbito, nunca hubiera podido utilizar en el proceso de intervención y hubieran dado un cariz mucho menos significativo a la misma.

Ver a un chaval pasar por un centro de menores; acogerle desde un servicio de atención educativa de barrio; encontrarle después en un recurso carcelario; en otro terapéutico en relación con la violencia de género; o desde una perspectiva de reducción de consumo, etc… no deja de ser un itinerario a veces incluso común en menores de determinados barrios de nuestras ciudades

La implementación incontenible de las visiones fordistas en relación con nuestro ámbito están ayudando a que la marea de servicios acrecienten la sensación (y la realidad) de desconexión entre los profesionales, y las diferentes realidades de atención; y lo que es mucho mas peligroso de alejamiento de la realidad  de las propias personas y de las comunidades a las que decimos atender.

Hace años las trabajadoras (también trabajadores) que se enfrentaban al reto de hacer una buena labor se encontraban con personas para las que no tenían muchos recursos más allá de su presencia y de su acompañamiento. Esta cercanía tenía un cariz de globalidad, de integralidad, que únicamente se podía manejar con acierto en la medida en la que las personas se topaban desde la centralidad de un encuentro personal.  Desde este nexo digamos “fundacional”, se trataba de dar respuesta a las demandas de la persona teniendo en cuenta mucho mas las posibilidades personal – comunitarias que las prestaciones que en aquellos momentos eran mas bien escasas.

Hoy día, como en las viejas cadenas de montaje de la mítica fábrica americana, nos encontramos instalados en un lugar muy específico de la línea de “producciones sociales”. Cada una de nosotras tenemos una tarea, que con el paso del tiempo se va operativizando más y más, sin que (a no ser que busquemos problemas) podamos sacar mucho la pierna del eslabón en el que hemos sido habilitados.

Más allá de este antiguo modelo Fordista, en la actualidad los paradigmas de gestión en la intervención social están tendiendo hacia procesos de reingeniería, ó como se define en wikipedia” un rediseño radical y la reconcepción fundamental de los procesos para lograr mejoras dramáticas en medidas como en costos,calidad, servicio y rapidez.”

Lo que en las décadas anteriores supuso la creación de una auténtica “línea de montaje” en la construcción de respuestas a las necesidades sociales  hoy, a la luz de los recortes, se convierte en la necesidad de exprimir al máximo la producción de esta cadena de personas y proyectos bajo las máximas del máximo rendimiento con el mínimo costo.

Sin embargo este menor costo económico está suponiendo verdaderos costes en el modelo de atención, fundamentalmente en la relación con las personas y comunidades. La discontinuidad de la atención, la desconexión del vínculo relacional de las respuestas que ofrece el sistema, la pérdida del placer de trabajar, etc.. Son algunos de los más significativos. (Es interesante a este respecto el texto de Catherine Grandjean “La perversión de la gestión”

Haber crecido en proyectos en los que la visión partía desde los lugares de proximidad, haber vivido procesos de muchos años con las mismas personas, y haber llegado a relaciones reales y significativas, nos lleva poder valorar la gran pérdida que hemos experimentado.

Quizá fuera esta la sensación que tuvieron los antiguos constructores de coches, al ver las enormes cadenas de montaje, en las que cada uno de los operarios desde su reducido lugar, se hastiaba hasta el absurdo sin poder llegar de hecho a una comprensión global de la creación de la que era parte.

La gran diferencia tiene que ver con el objeto que tenemos entre manos. Aunque quizá también, está asimilación de un modelo que permite que hoy uno de cada dos europeos tengamos un vehículo propio, sea la que haya ayudado a objetualizar a los que, no olvidemos, siempre hemos descrito como SUJETOS de intervención.

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2 pensamientos en “Fordismo, Re-ingeniería e intervención social (mirando desde mis pasos 3ª parte)

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