Las prestaciones DESLIGADAS DE SU CONTENIDO RELACIONAL

(mirando desde mis pasos 4ª parte)

pastillas

El segundo de los tres aspectos en el que queremos detenernos es la necesidad de no perder el contenido relacional de las prestaciones que gestionamos. El gran aumento de estas y la identificación cada vez mayor de los servicios de intervención con el concreto del aporte que cada uno de ellos presta a sus destinatarios; está desplazando el cariz relacional que históricamente ha sido la marca fundacional de nuestro sector de intervención.

La imagen del punto anterior nos llevaba de visitar una fábrica de coches, en la que aquellos mismos operarios que habían sido capaces de crear juntos un vehículo de manera artesanal, se veían hoy abocados a una línea de montaje en la que únicamente eran responsables de una parte minúscula del proceso total.

En este punto la imagen que os proponemos es la de un recetario de pastillas (si!! tipo las de Matrix, pero sin tanta magia ni, sobre todo, transformación de la mirada). Una imagen para “soportar/transmitir” la idea de cómo muchos de los aportes y apoyos qué ofrecemos desde las organizaciones y servicios  se están convirtiendo en algo así como pastillas de colores que recetamos para “curar” las muchas enfermedades sociales ante las que nos enfrentamos.

Desde los tiempos del Pozo, de los que antes hablábamos, desde la visión de los orígenes de las unidades de base, o sencillamente, si nos remontamos a hace no demasiados años en muchos de nuestros servicios de atención, podemos admirarnos del gran aumento en la cantidad y sobre todo variedad de las prestaciones que ofrecemos  o que tenemos a disposición de cara a una mejor atención. Su creciente emergencia y, sobre todo, la conversión de muchas de las funciones que históricamente hemos desempeñado en esta nueva presentación y formato, está siendo uno de los elementos más representativos de este tiempo.

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No podemos negar el importante aporte que supone este desarrollo de prestaciones sociales, este “catálogo de pastillas de colores”. Es un avance en cuanto a recursos disponibles, en cuanto a su universalización, su variedad de aportes, etc.. Por otro lado este nuevo “recetario” o “catálogo prestador” muestra también una desmesurada confianza en su poder de respuesta y en su valor “solucionador” de dolores tan diversos, tan socialmente extendidos (re-producidos) y tan personalmente encarnados. Quizá más sustancial que esta desmesurada confianza sea la pérdida de perspectiva en el sentido propio de las intervenciones, cada vez mas dejadas a su suerte en la medida en la que son tocadas por la varita mágica de la prestación al uso.

Al hablar de esta tendencia “prestacionista”, no queremos reducirnos únicamente al aumento de las prestaciones de contenido económico y a su importante “contaminación” de los espacios y valores relacionales (que también). Queremos referirnos sobre todo, a la conversión de procesos inherentes a nuestra histórica forma de hacer y de crear tramas emancipatorias (nuestro know how), en unidades de trabajo funcionales desde una perspectiva fundamentalmente enfocada hacia la gestión. Como bien reconoce García Roca:

“La colonización económica de las prácticas sociales ha hecho que se valoren exclusivamente aquellos recursos, que han sido valorizados monetariamente y puedan ser expresados en unidades presupuestarias o de personal[1]”.

Este hecho que, de por sí, puede ser un avance en la calidad de los servicios, se ha hiperdimensionado hasta llegar a convertirse en muchas ocasiones en el motor y seña de identidad de muchos de nuestros servicios. Cada vez más nos identificamos por nuestras tareas, más que por nuestros procesos y valores relacionales. Concentrar nuestras políticas y, en muchos casos, nuestras acciones de intervención en la posibilidad o no de que se le conceda a la persona una determinada prestación, se está convirtiendo en la inercia de un sistema, que trata de responder a una complejidad que, con mucho, le resulta desbordante.

También es importante señalar cómo, el hecho de concretar la respuesta en tan concreto envoltorio, está poniendo en bandeja el siguiente avance. Prestación llama a contraprestación. Cuanto más medible es el aporte, tanto más reclamable es el cambio o la devolución demandada.

Loïc Wacquant, sociólogo canadiense, desarrolla esta dinámica llegando a la hipótesis de que, en algunos casos, se puede estar favoreciendo con estas lógicas en el ámbito de la exclusión social la creación de lo que llama una “infraclase conductual”. Si desde el ámbito social se ofrecen respuestas concretas, medibles y presupuestables, y por el otro lado no se recogen resultados desde el punto de vista de transformación personal, empleabilidad, disminución de las conductas delictivas, aumento de la renta… son los mismos agentes quienes cuestionan la voluntad de cambio o incluso la capacidad no ya de una persona, sino de un grupo que refuerza su estigma a través de sus propias conductas.[2] De hecho, ésta dinámica culpabilizadora está siendo una de las más preocupantes que se están viviendo en este tiempo de crisis[3].

Hoy, además de que el desarrollo de las prestaciones es infinitamente menor al necesario, además de la dotación insuficiente en la mayoría de sus implementaciones, además de su decreciente impacto[4], y de muchos otros debates abiertos sobre su eficacia; el problema está en la sobre-atención de todo un sistema de intervención hacia el propio desarrollo del producto o prestación, más allá de centrarse en la interacción prestación-persona.

20090415_0224El mayor desvío que hemos sufrido en esta deriva, tiene que ver con el haber perdido, en muchas ocasiones, la perspectiva original, la centralidad de la persona, sus posibilidades, su entorno, sus necesidades; y desde ahí haber desertado de nuestro papel relacional y sobre todo de la vinculación obligada en este sentido. Es interesante poner la mirada en el proceso que se ha seguido para desarrollar todo este engranaje de prestaciones y servicios para poder recuperar su valor, sin desconectarlos de la potencia y del sentido que ofrecen los vínculos. Fernando Fantova describe este “doble juego” entre derechos y bienes relacionales de la siguiente manera:

En la medida en que una decisión política legítima sustrae una serie de bienes del juego del mercado y encomienda su promoción y protección a los poderes públicos, esos bienes no se consideran ya privados (mercancía) sino públicos (derechos). Habría otro tipo de bienes, los bienes relacionales, que no pueden ser reclamados como derechos ni comprados en el mercado, sino tan sólo coproducidos en el seno de relaciones familiares y, en general, comunitarias. Se trata de un patrimonio de afectos cálidos, expectativas confiadas, apoyos gratuitos y vínculos recíprocos que, sin duda, resultan fundamentales para la calidad y el sentido de nuestra vida, como seres radicalmente vulnerables y necesitados de cuidado que somos.”

Esta obsesión por las respuestas, por su concreción, por sus protocolos, por su pulcra naturaleza gestionable, nos está alejando de las preguntas fundamentales de la intervención. No nos falta mucho para encarnar el consabido adagio: “cuando por fin teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. No nos falta mucho para perdernos en esa vorágine de vaciarnos en verticalidades y caer, o lo que es peor quedar suspendidos y sin conexión con la realidad a la que sinceramente queremos dar una respuesta.

[1] Garcia roca, p 10                                       

[2] “El hecho de que la trayectoria involutiva del gueto parece ser promovida por procesos endógenos y autocontenidos es central para la redefinición política e ideológica de la cuestión de la raza y de la pobreza en la década del ochenta. Porque da vía libre para culpar a las víctimas, como en el discurso estigmatizador de la “infraclase behaviorista” [behavioral underclass], que justifica un retiro aún mayor del Estado. Luego, este último discurso “verifica” la visión de que el gueto está fuera del alcance de cualquier política de remedio, dado que las condiciones dentro de él siguen deteriorándose. Loïc Wacquant. “Elias en al ghetto,” Apuntes de investigacion (Buenos Aires), 1, no. 1 (October 1997), pp. 13-21 (with a presentation by Javier Auyero, “Wacquant en la villa,” pp. 7-12).  

[3] A este tema en concreto le dediqué el siguiente post: Toca dejar de sembrar culpas para no recoger violencias.Disponible Online. 

[4] “A pesar de la creación de nuevos tipos de prestaciones de tipo asistencial, su papel de protección frente a las situaciones de pobreza es muy pequeño: su debilidad y fragmenta­ción deja importantes lagunas en su acción protectora”. Fundación Foessa VI Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, ed. fundación Foessa, Madrid, 2008, p. 106. Disponible Online. 

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Un pensamiento en “Las prestaciones DESLIGADAS DE SU CONTENIDO RELACIONAL

  1. Pingback: ARTESANIA Y PROPUESTAS EN LA BUSQUEDA DEL ENCUENTRO (Mirando desde mis pasos 7) | Raúl Castillo Trigo. Respirando palabras y alguna luz.

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