TOCANDO FONDOS. LOS ESPACIOS DE INTERVENCIÓN, UNA CUESTIÓN DE RESPETO

  

Cerrando este apartado nos vamos a detener en lo que para nosotros supone el fondo de esta deriva. Hablamos de la pérdida de respeto hacia las personas para las que somos en muchas ocasiones, solo un recurso funcional.

3744078730_48d664393f_zLeyendo el libro de Sennett el que disecciona, con la solidez que le caracteriza, la densidad que entraña la palabra respeto; me llamó la atención una de la anécdotas que relata en su inicio autobiográfico.  Se trata de un encuentro  en 1971 promovido por las trabajadoras sociales del barrio de Cabrini green (barrio de viviendas sociales en el que había vivido el autor, y que según relata se convirtió en emblema de  todo lo peor que se podía hacer en materia de vivienda pública[1]). El encuentro, dirigido a jóvenes de la comunidad, consistía en la trasmisión de modelos a través del relato de las experiencias de personas que, saliendo de su misma comunidad, habían conseguido cierto “éxito” en sus trayectorias vital – profesionales.

En la narración refiere, cómo el ponente más brillante de los cuatro que participaban, (un joven portorriqueño que tras asistir a una escuela de formación profesional, ingreso en la carrera de medicina y se encontraba de residente en cirugía ocular); consiguió con su relato soliviantar a la mayoría de los asistentes al evento. Frente a los otros tres ponentes; el mismo Sennett (único blanco del estrado), la secretaria de un funcionario sindical y un hombre que había conseguido situarse en uno de los sindicatos mas racistas de Chicago; el joven médico tomo una deriva menos concreta en el relato de su recorrido. Más allá de relatar sus pasos hacia esa exitosa carrera, trató de ofrecer su propio modelo como una motivación, como un impulso que les llevara a proferir el tan necesario “yo también puedo”. Con “ardor evangelista” citó su reveladora conversión (en un ambiente trufado de iglesias con mucho peso en las comunidades), y fundamentó toda su alocución, más allá de la narración egocéntrica (también contó como en su camino dejó a una novia embarazada) en un mensaje sobre la capacidad del ser humano para llegar allí donde se proponga por encima incluso de su talento. La provocadora intervención (si yo pude hacerlo, ¿porqué no tú?), la interpelación a sus jóvenes oyentes, se volvió en su contra y encolerizó a buena parte de la audiencia.3744078226_38b069c659_z

En un primer momento me resultó difícil entender este desenlace. ¿Por qué unos jóvenes sedientos de modelos, de referencias, cargan con tanta virulencia como relata el autor, ante un ponente que trata de ofrecerles su propia experiencia, cuando posiblemente se encuentren en un similar punto de partida?

9788433961976Sennett, explica la reacción como la respuesta lógica de unos adolescentes que entienden el camino de salida del gueto, más como un proceso de no llamar la atención e ir poco a poco, que como un descollar y dar rienda suelta a sus capacidades en un espacio en el que la presión comunitaria es fieramente opresiva.

En unos barrios y escuelas en las que no sobrevives por ser el mejor, (sobre todo por ser el más destacado entre tus iguales de estudio); la llamada a un imperativo vocacional tan claro y tan rotundo sonó como una provocación inasumible. En un lugar en el que los dotados acostumbran a bajar la cabeza (literalmente) para no ofender con sus logros de estudio a sus iguales; aquella interpelación sentó como un insulto, ante la actitud defensiva que diariamente muchos de sus oyentes tenían que mantener para meramente sobrevivir.

Este relato me llamó poderosamente la atención  por lo contradictorio de su desarrollo y sobre todo por lo real de la vivencia que trasmite.

También desde mi experiencia, (compartiendo barrios de características, aunque distantes, de “ecos similares”), la llamada al crecimiento, debe ir mucho más allá del relato motivacional. Debe hacerse cotidiana, cercana, funcional, y sobre todo debe basarse en el respeto del otro. Un respeto que tenga como referencia el punto de vista de la otra persona y no la propia lógica.

3743284991_c987c185b7_zEn esta misma dirección me resulta revelador como, en muchas ocasiones, se me acercan jóvenes que conozco desde hace muchos años a relatarme el último logro de sus aún cortas vidas, con un entusiasmo en el que narran su mejora y su promesa de nunca volver a los lodos en los que les he conocido.

Esos mismos jóvenes en otras circunstancias, son reacios a aproximarse, se escurren y saludan únicamente como respuesta a una relación que es cierta, a pesar de las distancias. Se acercan cuando tienen el orgullo de contarme su cambio, su mejora, su trasformación; y se esconden cuando saben que, aunque no sea mi proceder, podría reprenderles por sus caminos emprendidos. El respeto se sobreentiende, pero en muchas ocasiones resulta difícil de trasmitir y en la mayoría supone una sutilidad ciertamente compleja.  Como refiere Sennett, en la introducción de su ensayo:

     “En el sistema de protección social, la gente toma plena conciencia de la ardua cuestión de la igualdad cuando tiene la experiencia de que sus derechos a la atención de otros residen exclusivamente en sus problemas, en la realidad de sus desvalimientos. Para ganar respeto, no hay que ser débil, no hay que padecer necesidad. En general, cuando se insta a los beneficiarios de ayudas sociales a “ganar” respeto por sí mismos, lo que se quiere decir es que se hagan materialmente autosuficientes”[2]

Es esto lo que nos estamos jugando, sobre todo en los ámbitos más cercanos a las realidades de exclusión. Cuando analizamos la deriva recorrida en estos años, nos damos cuenta de que muchas de las personas con las que trabajamos, únicamente son visibles para nosotros en la medida en la que cubren las expectativas de cambio, en la medida que recogen nuestros diagnósticos y los objetivos marcados. O bien, en la medida en la que podemos proponerles de manera asistencial una respuesta a modo de prestación a su necesidad, que en la mayoría de las ocasiones tiene un significado mucho más profundo.

Cuando hablamos de respeto, hablamos de la necesidad de acercarse de una manera existencial, de un modo abierto, desde una perspectiva centrada en el encuentro, que solo es posible desde la existencia propia (no únicamente en cuanto a recurso), y desde la del otro. La progresiva invisibilización de la alteridad en la práctica cotidiana de nuestros servicios, va mucho más allá de la participación en el diseño de los mismos. Es un progresivo descenso hacia el día a día, hacia las reglas fijas, hacia la ausencia de un diálogo, no ya enriquecedor sino vital. No hace falta irse muy lejos como para encontrarnos con respuestas como la que quizá alguna que otra vez nos ha tocado escuchar: “¿vos me querés o me querés ayudar?”

Este es el nudo gordiano en el que nos encontramos, esta es la trama que nos llama al cambio My beautiful picturey esta es la necesidad más imperiosa que, a nuestro modo de ver, se percibe en tantas y tantas de nuestras construcciones de intervención social. La falta de respeto cuando se siente como se está sintiendo, no hace más que alejar y crear distancias y rencores. Las personas a quienes decimos “ayudar”, como los jóvenes de Cambrini Green o como Florence Owens Thompson, sienten esa pérdida de respeto, esa sensación de que se está pasando por encima de su realidad, se sienten exiliados de un encuentro que se presume real. Es desde ahí desde donde reaccionan, sencillamente, por pura necesidad de presencia; aunque,  como en el caso de la famosa fotografía, tengan que pasar tantas décadas como para darnos cuenta, no ya de su reacción, sino de su existencia.

[1] Richard SENNETT: El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad, Anagrama, Barcelona, 2003 P. 19

[2] Id Ibid. P. 13

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Un pensamiento en “TOCANDO FONDOS. LOS ESPACIOS DE INTERVENCIÓN, UNA CUESTIÓN DE RESPETO

  1. Pingback: ARTESANIA Y PROPUESTAS EN LA BUSQUEDA DEL ENCUENTRO (Mirando desde mis pasos 7) | Raúl Castillo Trigo. Respirando palabras y alguna luz.

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