LA OBSESIÓN POR UNA VIDA DIGNA, NUESTRA NATURALEZA REPRODUCTIVA Y EL OPTIMISMO DE LA PRÁCTICA COMO MOTORES DE ESTA POTENCIA RE-CREADORA.

En otro de estos viajes a los orígenes, y que en mí marca las esencias de lo que entiendo como intervención social, vuelvo a las faldas del Ávila, desde la mirada ajena de un joven visitante. Entre aquel descollar de calles y casas de ladrillo, entre aquel juego de cruces y de barro en los cerros de Caracas; descubrí uno de los motores que, después de haber tomado cuerpo y sobre todo palabra, se me han ido dibujando como un fundamento o pilar de esta esperanza. Una ilusión en la que veo, y sobre todo os veo a muchos de vosotros/as, compañeros y compañeras que mantenéis las ganas, las fuerzas y la alegría, en tiempos de tormenta. Un fundamento que no es otro que la OBSESIÓN por una vida digna. Partiré de la voz que me hizo caer en esta idea desde su expresión, Pedro Trigo:

“Si, a pesar de la presencia de tantas fuerzas desagregadoras, destructoras, deshumanizadoras, todavía existe el barrio como ámbito cultural, es por esa realidad transcultural que, en mayor o menor grado, posee a muchos de sus habitantes y que podemos caracterizar como conato agónico por una vida digna. “Agónico” por que es una lucha por la vida allí donde no hay condiciones para vivir, ni otro lugar en el que apoyarse que no sea el propio esfuerzo. Es cierto que, para muchos habitantes de los barrios, esa lucha que no cesa no tiene por objeto la mera subsistencia, la supervivencia a toda costa, sino una vida humana, es decir, una vida digna y compartida. Estas personas, que no aceptan el dilema “dignidad o vida” apuestan por la posibilidad, aun en las circunstancias mas adversas, de vivir la vida con dignidad.”

“Desde esta perspectiva el primer rasgo de este ser humano es la obsesión que caracterizamos como la potencia de lo que hoy (en el orden establecido) no es posible. […] La obsesión abre la posibilidad de pensar la realidad; sin obsesión el pensamiento lo es sólo del orden establecido: aunque lo denigre, está preso de él. La obsesión es el acto primero de la realidad histórica tal como la percibimos desde el pueblo latinoamericano.”

Cuando hablamos de obsesión, creo que muchas y muchos de nosotras podremos traer a colación un innumerable ramillete de ejemplos. En tantas personas como se han cruzado en nuestro merodear por estos barrios, podemos reconocer este conato agónico. Tanto en el extremo de algunas situaciones de aquella Caracas literalmente fratricida, como en muchas personas que mantienen intacta su “febril constancia” por seguir viviendo, podemos poner cara a esta Obsesión.20120222_1198 copia

Este es quizá el motor fundamental que podríamos extrapolar a tantas y tantos profesionales de la intervención que a pesar de: “la presencia de tantas fuerzas desagregadoras, destructoras, deshumanizadoras” continúan, (o continuamos) con esta constancia de búsqueda, praxis de encuentros y de transformación mutua.

Esta es la fuerza que nos lleva a seguir golpeándonos con (o contra) la realidad, pero sobre todo a seguir manteniendo nuestro origen “reproductivo” frente a las fuerzas que pretenden ubicarnos en torno a parámetros exclusivamente “productivos”.

Y es que, (en un segundo paso de la argumentación en torno al motor de nuestra praxis) nos encontramos con una hipótesis robada de una ponencia de Gloria Clavero . Se trata de vincular la esencia de nuestra labor con su naturaleza reproductiva. Frente a una sociedad cada vez mas centrada en la producción, en medio de una crisis en la que la única solución o mejor la “solución única” que se nos plantea es un mayor consumo que engrase la máquina de la producción; queremos resaltar que el corazón de nuestra experiencia, de nuestra tradición como profesiones, trasciende lo meramente productivo y se sitúa en la esfera de lo reproductivo .

Esta es la corriente en la que queremos situar la naturaleza de nuestros empeños. Es cierto que se nos pide que produzcamos más y con más eficacia. Se nos pide que produzcamos personas des-intoxicadas, des-prisionizadas, in-tegradas, in-cluidas, etc… y en definitiva personas productivas y capaces de producir. Pero no debemos olvidar que nuestro fundamento, tanto desde una perspectiva estratégica, como sobre todo apriorística tiene que ver con nuestra capacidad para re-producir, para re-tejer los filamentos que constituyen la vida como humana.

Desde aquí nos damos cuenta de cómo:

“El cuidado no es necesariamente un “trabajo” específico en sí mismo, sino que se puede desarrollar a través de un amplio rango de actividades. Implica afectos, relaciones, soporte emocional, etc., aspectos todos ellos absolutamente necesarios para el desarrollo humano y que, sin embargo, han ido quedando ocultos […]. Se trata entonces de insistir en la necesidad de hacer emerger estas dimensiones intangibles que fácilmente escapan a los análisis y estadísticas tradicionales”

My beautiful pictureEse va a ser uno de los esfuerzos fundamentales en esta búsqueda de posibilidades. Deberemos ser capaces de poner nombre, de dedicarle la porción de trascendencia que se merecen, a tantos y tantos espacios en los que no cuentan los números, sino la construcción callada y con significado. Situarnos en la esfera de la natalidad, del dar a luz la vida, de forma lenta, sin estridencias. Con el solo respeto a aquello que sabemos (por que lo vivimos y constatamos una y otra vez) que sirve para la vida, para construir las tramas que la hacen y rehacen como digna.

Es una cuestión de día a día. De ganar la guerra de los pequeños detalles, de dedicar porciones de tiempo (ese niño que juega y mueve los peones, que decía Heráclito) liberado al servicio de encontrar significados comunes, de cuidar, de poner en juego nuestra “energía emocional” capaz de engendrar y dar vida.

Y he aquí que la praxis cotidiana se convierte en el campo de batalla del equilibrio entre las dimensiones de lo productivo, lo reproductivo y lo improductivo. Y es por eso, al menos es mi impresión, que se convierte en el terreno fundamental de las posibilidades, en el espacio en que podemos hacerlas posibles, frente al mar de análisis que declaran nuestras rutinas y horarios como terrenos incapaces de albergar nada que vaya más allá de lo estrictamente justificable, “productivo”, y en muchas ocasiones relacionalmente intrascendente.

Recogiendo esta última idea me llamó la atención una frase de Franco Bassaglia. Cuando anteriormente relataba la sensación de imposibilidad de entrar a dinámicas de promoción relacional en un grupo de trabajadoras sociales , debo matizar ahora, que esta fue no más que una sensación inicial. La frase, recogida de un escrito de Silvia Navarro , a su vez “robada” a este insigne psiquiatra Italiano nos plateó una dialéctica interesante: “Contra el pesimismo de la inteligencia el optimismo de la práctica”.

Esta referencia nos situó tanto a ellas como a mí en un contexto de creación y capacidad que en muchas ocasiones se nos olvida a la hora de realizar nuestros sesudos análisis. Por mucho que constatemos (con brillantes críticas) que nuestro trabajo diario se encuentra cada día más limitado para encontrar espacios de relación transformadora; el ejercicio de práctica, el estar diariamente en esa misma realidad nos hace buscar y encontrar las maneras. Es así como en las siguientes horas pudimos acercarnos mucho más a unos cuantos aspectos concretos que, desde su praxis cotidiana podían significar avances donde la queja y la desazón no dejaban ver futuro.20120222_1254 copia

La afirmación de Bassaglia coincide (desde un matiz diferente), con el enunciado de otro Ilustre conciudadano suyo: Antonio Gramsci “El pesimismo es un asunto de la inteligencia; el optimismo, de la voluntad”. El matiz que nos ofrece esta referencia revela que la práctica nos ayuda a salir de la queja y a encontrar posibilidades de la misma manera que la voluntad de salir nos exige buscar formas de hacerlo. De la misma manera el la que podemos descubrirnos garantes de tantos y tan oscuros presagios; también nos damos cuenta de la plétora de voluntades que se empeñan día a día por dar fuerza a estos designios, a estos nuevos (o antiquísimos) rumbos.

Este es el espíritu fundacional de este escrito, mucho más allá de la crítica o la visión de una realidad a la que dar la vuelta y este es su motor: La Obsesión por una vida digna, por unas intervenciones Re-productivas además de productivas, desde el Optimismo que solo nos pueden dar la práctica y la voluntad.

En esta segunda parte queremos detenernos en los cómos; no tanto en relación con prácticas concretas, que también, sino sobre todo centrándonos en varios caminos, o guías, que destilados desde nuestra experiencia creemos que nos pueden ayudar a mantener el centro donde creemos que tiene que seguir estando: en la relación y en la creación de vínculos reales como medio fundamental de trasformación, social, personal y comunitaria.

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Un pensamiento en “LA OBSESIÓN POR UNA VIDA DIGNA, NUESTRA NATURALEZA REPRODUCTIVA Y EL OPTIMISMO DE LA PRÁCTICA COMO MOTORES DE ESTA POTENCIA RE-CREADORA.

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