¿Cuáles son los principales valores por los que debe de regirse la Intervención del TSS (Tercer Sector Social) siglo XXI?

Hace unos días, en uno de los proyectos en los que colaboro, me preguntaban por cuáles serían los principales valores que deben regir la intervención social en las organizaciones del tercer sector de acción social. Me pareció interesante la pregunta y muy relacionada con el espíritu de esta segunda parte del viaje que estoy tratando de construir a través de estas últimas entradas.

Una vez descubiertos, y reconocidos, los motores que nos impulsan a seguir adelante es tiempo de empezar a marcar horizontes que nos ayuden a encaminar los pasos y los esfuerzos. Es cierto que no es un tiempo para soñar demasiado y sin embargo también lo es que, ante una realidad tan acostumbrada a las pesadillas, únicamente los sueños nos permiten creer en la posibilidad de algo diferente.

Este es el ánimo de este punteado de horizontes, de este listado de deseos que, a mi modo de ver, deberían estar en esos cimientos con los que construir la intervención social del mañana. 

75412579_6zlCVhvxTransformación social desde la capacidad de generar alter-nativas.

El primero de los valores creo que debe ser el de seguir poniendo la mirada en la transformación social. Frente a modelos más centrados en la gestión, o en lo concreto de la tarea de respuesta a las diferentes necesidades sociales (cada cual en su tarea), creo que debemos poner el foco en la necesidad de generar transformaciones que vayan más allá de los programas y servicios que gestionamos. Debemos preguntarnos y seguir preguntándonos hasta qué punto nuestros programas y servicios fomentan la transformación social en el sentido de humanizar situaciones, de generar procesos de inclusión, de promover una mejor distribución de la riqueza… debemos seguir preguntándonos que más podemos hacer como organizaciones para generar transformación social.

Y más allá, junto con otros agentes (sobre todo junto con los movimientos sociales) debemos ser capaces de empezar a generar alternativas y nuevos modelos de vida. Más allá de la capacidad de gestionar debemos ser capaces de promover al alter-nativas a este modelo de sociedad que sigue generando exclusión, centrado en el consumo, androcéntrico, individualista…

Visión política y defensa de las “Causas Justas”.DSCF3232 copia

En la misma línea del punto anterior necesitamos volver a tomar conciencia de nuestra identidad como agentes políticos de transformación. En el origen de nuestras organizaciones estaba esta conciencia de necesidad de generar cambios y de construirlos de manera conjunta, implicada y capaz de generarla implicación de otros agentes. Esta conciencia de ciudadanía activa que entiende su rol como un espacio a construir y  que co-construye nuevas realidades.

En este tiempo en el que tanto nos hablan de la necesidad de responder de manera adecuada a los requerimientos de los mercados (a costa de casi todo y sobre todo de muchos y muchas) y de la complejidad del mundo ante el que nos enfrentamos; siguen apareciendo como evidentes algunas realidades especialmente obscenas. Mientras hablan de recortes, crecen las diferencias, mientras hablan de esfuerzo se dispara el mercado de lujo, mientras se recortan los derechos, se amplían las excepciones

Ante una realidad tan abierta y compleja como la actual sigue siendo necesario el aporte de lo político, evidentemente no entendido como ese mundo partidista hoy en quiebra, sino como un espacio de colaboración ciudadana en el que las “causas justas” (la lucha en favor de la igualdad real de oportunidades, de la distribución justa de la riqueza, en contra de todas las violencias…) siguen teniendo la capacidad de generar esa rabia que levanta, esa sensibilidad que acerca, esa comprensión que a empatiza, y esa ilusión capaz de dar luz a un mundo nuevo.

Reciprocidad y mutua pertenencia.

De nuevo frente a un modelo de gestión de necesidades sociales y frente a un modelo de intervención que apuesta por la inclusión entendida como la transformación de personas excluidas en “nuevos ciudadanos incluidos” debemos ser capaces de entender la mutua pertenencia como un espacio diferente al de los excluidos o incluidos. Debemos ser capaces de entender la intervención como un espacio de mutua transformación en el que ponemos en juego el valor de la alteridad. En el que como organizaciones y como personas nos ponemos en juego para promover encuentros significativos y transformadores. No buscamos producir números o personas capaces de incluirse en una sociedad que sigue generando exclusión. Buscamos otro tipo de relaciones en el que desde los mundos diversos encontramos voces de valor que amplían nuestro concepto inclusión. Buscamos ser capaces de generar relaciones, o de entrar en relación, con aquellos y aquellas que nos hacen entender la pertenencia de una forma más rica e integral, nos hacen entender aquello mismo que somos nosotras y nosotros de una manera más enriquecida.

420719_3414976141142_1472245065_33210761_1504166423_nComunicación entendida como relación con los diferentes agentes sociales.

Creo que uno de los elementos que debemos trabajar en profundidad tiene que ver con el ser capaces de comunicarnos de una manera diferente. El valor de la comunicación en este momento en el que la sociedad difumina cada vez más los límites entre los diferentes sectores y actores sociales es fundamental. Cuando hablamos de transformación social no podemos pensar que nosotros somos el único elemento tractor o el elemento fundamental. Únicamente somos parte de un engranaje que va mucho más allá de nosotros mismos. Por eso la comunicación va a ser fundamental no sólo para “vender” lo que estamos haciendo, no sólo para generar compromisos (sobre todo nivel económico), sino más para generar complicidades y construcción conjunta. Ser capaces de comunicar para construir esa sociedad relacional de la que tanto se habla. Ser capaces de comunicar para generar espacios de colaboración, espacios de vivencia y espacios de transformación conjunta.

Visión positiva y dignificadora.

Venimos de un sector que en la mayor parte de las ocasiones se relaciona con visiones de una humanidad carente. Se nos relaciona con personas excluidas, discapacitadas, mayores, y en general carentes. Esta visión negativa no sólo es la que se nos remarca antes de otros agentes sociales sino que tiene mucho que ver con una forma de mirarnos, una forma de vernos como agentes que gestionan espacios de dificultad, problemas sociales,… Desde los enfoques más cercanos a la teoría de las capacidades, desde planteamientos más centrados en la calidad de vida, debemos ser capaces de mirar más allá para entender la riqueza de la diversidad como valor que poner en juego y que ofrecer al resto de agentes sociales.

Centrado en la reproducción más que en la producción, y rescatando el valor de lo improductivo.puente

Como ya hemos destacado en algunos de los escritos de este blog, en el origen de nuestro sector, y en el origen de todas las profesiones relacionadas con la intervención social la reproducción (entendida como el cuidado de aquellos mecanismos que posibilitan la reproducción de la vida) ha sido la esencia que ha generado el desarrollo que hoy estamos viviendo. Hemos nacido con la marca del cuidado, la esencia de nuestras organizaciones tiene que ver con generar contextos de humanidad, con cuidar a personas que de otro modo no tendrían cuidado, con encontrarse con aquellos “diferentes” y poner en valor la riqueza de ese encuentro.

En las últimas décadas y muy vinculado también a los modelos sociales y a la ampliación del concepto de mercado en todas las parcelas de la sociedad hemos estado cada vez más dirigidos hacia la producción de procesos de inclusión. Cada vez más el sentido de nuestros proyectos tiene que ver con producir personas ex – presas, trabajadoras, des intoxicadas, capacitadas, activas… y en general incluidas en una sociedad que no deja de generar exclusión. Con este cambio como organizaciones hemos incorporado herramientas, procedimientos, estructuras y metodologías cada vez más centradas en el ámbito de la producción. Esto nos ha enriquecido. Pero quizás es necesario retomar la esencia porque de algún modo podemos llegar a perder nuestro valor diferencial. Como organizaciones de transformación social no estamos aquí únicamente para producir sino más bien para transformar y entendemos que no hay nada más transformador que la relación. 

Desde este punto también rescatamos el valor de lo improductivo. Más allá de las lógicas de la producción nos estamos encontrando con muchos espacios de improductividad. De hecho en la mayor parte de las ocasiones somos nosotros y nosotras quienes trabajamos con las personas más improductivas de la sociedad. Desde este encuentro con “lo improductivo” somos capaces de entender la locura de la producción a toda costa. Desde el contacto con aquellos y aquellas que no son capaces de producir aquellos valores de este mundo de consumo nos encontramos con el valor de aquello que no produce nada, nada más que encuentro, disfrute, tristeza, vida… El valor del error, del pararse, del esperar, del tiempo libre, del no hacer nada, del fallar para aprender…

Compitiendo desde la capacidad de generar un valor diferente.

En este mercado cada vez más se nos empuja a competir. En muchas ocasiones ser capaces de competir o no es la medida de la subsistencia. Existiremos o no si somos capaces de ofrecer un valor diferente al que ofrecen otros agentes. En este sentido uno de los retos fundamentales del sector va a ser competir. Pero también es cierto que no podemos competir de cualquier modo. Sólo tendrá sentido esta competencia si somos capaces de aportar un valor diferente. En algunas ocasiones nos estamos encontrando con organizaciones que, impelidas por los mecanismos cada vez más draconianos del mercado y la gestión, se encuentran con la necesidad renunciar a valores fundamentales en su intervención. De algún modo debemos de ser capaces de encontrar cuál es el valor que generamos en cada una de nuestras intervenciones, el valor diferencial, el valor humanizador. La cada vez mayor “liquidez” de las construcciones sociales y de los límites entre sectores y agentes nos va a hacer preguntarnos con más fuerza esta pregunta. Cuál es mi aporte frente a otros aportes?, Qué ofrezco yo de diferente? En esta respuesta nos jugamos uno de los valores que determinará o no nuestra subsistencia como sector.

 

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