Innovando desde la conciencia de nuestros pies

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“Al final de la década de 1990 terminé una larga serie de reportajes sobre el movimiento sin precedentes de las personas por todo el planeta. Implicaba documentar la descomunal emigración de los campesinos desde las zonas rurales hasta las ciudades en varios continentes. Me llevó a seguir a refugiados desposeídos que huían tanto de conflictos bélicos como de desastres naturales y acompañe a jóvenes dispuestos a arriesgarlo todo con la esperanza de encontrar una vida mejor en algún país lejano. Presencié mucho sufrimiento y una gran valentía, pero sobre todo una violencia y una brutalidad como nunca antes hubiera imaginado. Para cuando terminó el proyecto, había perdido toda fe en el futuro de la humanidad.”

Este es el primer párrafo de la introducción de Génesis, el último libro del fotógrafoSebastião Salgado. Es uno de los fotógrafos actuales de mayor reconocimiento mundial y de los que con mayor sensibilidad, cercanía y detalle ha mostrado algunas de las realidades más duras que ha vivido la humanidad en estas últimas décadas. Su trabajo en blanco y negro, la destreza de su fotografía y sobre todo sobre su obsesión por retratar de una manera sistemática temas tan complejos cómo el mundo del trabajo, “las otras” Américas, África, o el éxodo de las personas que a través del mundo buscan un lugar mejor en el que vivir, le han servido para ser reconocido entre los grandes de la fotografía actual.

2Pero, ¿Por qué comenzar por aquí para hablar de innovación social? ¿Qué sentido tiene hablar de innovación social partiendo de este fracaso, de esta desesperanza? ¿Innovación social desde la mirada de un hombre que sigue produciendo imágenes en blanco y negro en un mundo en el que el color ha llegado ya a copar las tres dimensiones?

Vamos por partes. Hace unos pocos meses en un seminario sobre la relación entre elTercer Sector Social y los Movimientos Sociales, organizado por el Observatorio del Tercer Sector de Bizkaia, Fernando Altamira nos invitaba a reflexionar, entre otras muchas cosas, con una frase de Frei Betto: LA CABEZA PIENSA DONDE LOS PIES PISAN. Es una frase que me ronda desde entonces. La conocía pero, quizás, como ocurre con tantas otras semillas (frases, sueños o ideas) sólo emergió cuando la tierra estaba a punto para recibir su empuje.

Tengo la sensación de que desde el Tercer Sector Social tenemos la conciencia, en general, de venir de lugares muy pequeñitos. Hace unos años me contaban desde una entidad que hoy posiblemente cuente con una de las mayores plantillas del sector, cómo comenzó su andadura en unos pequeños locales. En estos locales los fines de semana grupos de personas con discapacidad acompañados por voluntarios y voluntarias tejían cestas de mimbre que vendían a familiares y amigos. Hoy en sus plantas, distribuidas por varios puntos de nuestra geografía, trabajan con tecnologías punteras en complejas cadenas de montaje.

Venimos de lugares pequeñitos como las calles de muchos de nuestros barrios, en los que personas sensibilizadas con la problemática de exclusión de los niños y niñas, trataban de acompañarles a través de actividades, de cercanía, de presencia. Lugares pequeñitos como las casas de personas con enfermedad a las que acudían grupos de voluntarios y voluntarias para leer, jugar, o quizás para fortalecer la esperanza de un futuro con salud. Venimos de lugares pequeñitos que se han construido a golpe de relación, construidos desde el tú a tú. Organizaciones hechas desde la relación entre personas que quieren mejorar sus propias vidas, las de sus cercanos y cercanas, las de otras personas y en general las de toda la sociedad. Este es el suelo que hemos pisado y que nos ha puesto a pensar en otros mundos posibles.

Este motor nos ha hecho crecer en número, en volumen y sobre todo en capacidad de generar respuestas a los más diversos retos sociales (exclusión, atención a la discapacidad, envejecimiento, formación y empleo,…) El crecimiento del sector, de las organizaciones, de los proyectos, ha sido una constante durante las últimas décadas aun y a pesar de las varias crisis sufridas.

Y ese sustrato relacional ha sido también el motor de nuestro poder de innovación. Porque sí, desde el Tercer Sector Social, podemos decir (como esos anuncios de la tele) que llevamos innovando socialmente desde hace décadas, y si me apuras hasta desde hace siglos (como las misiones sociales de algunas congregaciones religiosas).

En el crecimiento del sector la innovación ha estado muy presente y nos ha impulsado a generar nuevos recursos, ampliar los perfiles profesionales, a tramar alianzas con agentes cada vez más diversos, o a liderar proyectos que hace sólo unos pocos años parecían inconcebibles para un sector como el nuestro.

La nuestra ha sido desde el comienzo una innovación nacida desde el pisar terrenos humanos, “tierras de hombres” (que decía Saint Exupery), aunque también (y quizás más) tierras de mujeres. Este ha sido el lugar fundamental que ha impulsado nuestra necesidad de innovar y sólo desde ahí podemos identificar cuáles han sido las palancas de este desarrollo. Hoy nos atrevemos a identificar algunas.

  • La necesidad. Las personas a las que acompañábamos, que eran nuestros vecinos y vecinas, familiares o incluso nosotros y nosotras mismas hemos innovado por pura necesidad. Porque cuando te encuentras con personas refugiadas que necesitan un lugar en el que poder iniciar una nueva vida es su energía, su pura voluntad, y también su desesperación la que te lleva a encontrar nuevas posibilidades, a innovar creando departamentos legislativos cada vez más especializados, a generar estrategias de captación de fondos, que permitan tramar acciones de denuncia para que, en situaciones como las actuales, tengamos capacidad de articular una respuesta eficaz y justa ante una injusticia tan palmaria.
  • El deseo. Porque no sólo la necesidad nos ha movido. Los deseos y los sueños han sido un motor fundamental y es importante no olvidarlo. No olvidar por ejemplo el trabajo de educación en el tiempo libre de tantas organizaciones a lo largo de nuestro territorio. El trabajo de exploración, formación y búsqueda de alternativas por las más diversas disciplinas (la animación sociocultural, la pedagogía, psicología, el teatro…) para poder ofrecer un mejor desarrollo de las capacidades de tantos niños y niñas con ganas de crecer, de vivir, de disfrutar.
  • El derecho y las causas justas. La innovación ha nacido también en muchas ocasiones de la indignación, de la rabia y sobre todo del convencimiento de que determinadas injusticias deben ser combatidas. La labor de las organizaciones de cooperación al desarrollo son un ejemplo paradigmático en este sentido. El ser capaces de pasar de proyectos de atención asistencial a iniciativas en las que el protagonismo fundamental está en las personas que habitan sobre el terreno. El traer el sur al norte y generar espacios de denuncia e incidencia con una repercusión cada vez más notable. El no conformarse con espacios subsidiarios (desde la idea de unos países “ricos” ayudan a otros países “en vías de desarrollo”), y promover foros alternativos que están generando cambios en los propios entornos políticos de los países de este norte en el que cada vez se identifican más “los sures”.
  • La colaboración y el encuentro. Un motor especialmente agradecido. Venimos de espacios de encuentro y hemos nacido de la mezcla (familiares, profesionales, personas destinatarias que participan en la organización, personas socias, instituciones, administraciones públicas…). Es cierto que en ese momento quizás necesitamos abrir más los ojos, las ventanas y las alianzas, pero también lo es que la gran mayoría de nuestros proyectos han conseguido innovar desde encuentro con la variedad de agentes que componen nuestras entidades. El trabajo desde el ámbito de la discapacidad que ha cristalizado en un verdadero lobby de organizaciones y personas capaces de incidir en políticas de apoyo e inclusión, en la legislación relacionada con este colectivo, o en sistemas tan dispares como justicia, sanidad, o políticas de empleo es quizás uno de los ejemplos más llamativos en este sentido.

Estas son sólo algunas de las palancas que apuntalan el motor de nuestra innovación. En todo caso lo que va quedando claro es que para nosotros y nosotras hablar de innovación es hablar de personas que van consiguiendo espacios de mayor libertad, de soberanía sobre sus propios destinos, de capacidad de poder elegir lo que quieren hacer con sus vidas. Éste es el horizonte que nos alimenta y nos empuja a innovar.

Por eso hoy, en un momento en el que el sector ha ganado en capacidad de incidencia y transformacion social. En un momento en el que podemos poner números y datos a nuestro aporte, en el que se cuenta con nosotras y nosotros para el desarrollo de desafíos importantes en nuestra sociedad, a través de los sistemas de servicios sociales, y también de educación, justicia o salud. Hoy, en un momento en el que, aun pasando unos años especialmente difíciles, tenemos quizás el mayor reconocimiento de nuestra historiacomo sector, sigue siendo importante volver a mirar donde se asientan nuestros pies para seguir innovando. Es quizás este un buen momento para volver a enfocar el camino y para sentir ese cuerpo que somos cuando pisamos los lugares de las personas que nos dan sentido.

Pero volvamos al comienzo. La historia de Salgado no termina allí donde la dejamos. Después de aquella experiencia de fracaso absoluto y de pérdida de fe en la humanidad se retiró a su origen. Volvió a su país, a su pueblo, a la granja que heredaba de su padre. Aquella tierra que lo vio nacer se encontraba a su vuelta absolutamente devastada. Y, sin embargo, el retorno a esos montes desnudos, que habían perdido todo su verdor, su vegetal vestido, toda su vida, fue el comienzo de un nuevo renacer.

“Fue entonces cuando Léila, mi compañera en todas las aventuras de mi vida, tuvo la audaz idea de recrear un bosque con las mismísimas especies autóctonas que en su día prosperaron allí. Esperábamos nada menos que el nacimiento del pequeño ecosistema que había conocido de niño. Plantamos más de 300 especies diferentes de árboles y, como los plantones fueron dándole verdor a la tierra, contemplamos asombrados el regreso de las aves, las mariposas, los escarabajos y las flores tropicales. Con la reforestación, en lugar de convertirse en inundaciones repentinas, las lluvias torrenciales de la temporada también eran absorbidas por la tierra y, con el tiempo, permitieron que los ríos y arroyos fluyeran todo el año. Además, para nuestro deleite, reaparecieron los peces e incluso los caimanes.”

3Tras esta experiencia revitalizadora Salgado fue capaz de parir un nuevo proyecto al que ha llamado Génesis. Un precioso viaje por un sinfín de parajes y de culturas que siguen guardando la esencia de la belleza de esta tierra habitada que somos. Su innovación está siendo respirar de nuevo la esperanza de seguir vivos, desde un lugar que nunca había imaginado. Sin renunciar a su esencia, su blanco y negro hipnótico, ha habitado horizontes para los que ni él se creía capaz, como el de convertirse en paisajista tras toda una vida dedicada al retrato, o como el pasar de la denuncia a la transmisión de la belleza.

Este último proyecto, el hermoso lienzo de sus páginas, la fuerza de su mensaje han sido para mí una llamada de atención, una pequeña luz durante estos últimos tiempos. Y lo han sido sobre todo por el origen que le ha permitido nacer, que no ha sido otro sino el dolor y la desesperanza ante la miseria. Y es que quizás falte una última palanca para añadir a las ya descritas. Quizás no sea la fundamental pero a veces marca la diferencia. Yo la describiría como:

  • El dolor, los fracasos y la inercia de seguir levantándose. Y es que muchas de las realidades con las que convivimos en el sector nos llevan no sólo a la rabia, el sueño, a la ilusión o apelan a nuestra voluntad de construir un horizonte nuevo. En ocasiones también nos llevan al dolor, a la impotencia y a la pérdida de sentido. No son pocas las ocasiones en las que nos toca fracasar y en las que proyectos, servicios, ilusiones y (lo que es mucho más difícil de asumir) vidas, se pierden y nos dejan con el silencio y la desesperanza como únicos compañeros.

Por eso historias como la de Salgado nos recuerdan a tantas otras que, en el sector, en nuestras vidas y sin saber muy bien cómo, nos han hecho resurgir cuando parecía que todo perdía su sentido. Quizás sea éste último aprendizaje que podamos incorporar a la hora de seguir innovando. Aprender también a ponernos en manos del cuerpo, de los orígenes, de unos pies que necesitan pisar la tierra para seguir generando vida, para seguir generando respuestas y sembrando horizontes.

Raúl Castillo Trigo

Responsable de promoción del Observatorio del Tercer Sector de Bizkaia

promocion@3sbizkaia.org

Publicado en el blog

Muévete e innova del

Máster en Innovación Social de la Universidad de Deusto

Innovando desde la conciencia de nuestros pies

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